Música celestial 7.

7ª PARTE: COMO EN LA TIERRA, ASÍ EN EL CIELO


Jean Brueghel el Mozo, El banquete de los dioses, siglo XVI

Semejante elenco de personajes míticos e imaginarios, ya sean paganos (dioses, ninfas, titanes) o cristianos (arcángeles, querubines, serafines), se convierten en una proyección amplificada y magnificada de la existencia que los humanos despliegan, o arrastran, en el mundo terrestre. Esta es la tesis de Ludwig Feuerbac quien dedicó gran parte de su obra filosófica a demostrar los fundamentos materialistas de las cosmologías religiosas. No olvidemos, en efecto, que la visión imaginaria del cielo, común a todas las mitologías, siempre se construye con los esquemas de la vida terrenal: suntuosos palacios, amenos prados, copiosos banquetes, frenéticos festejos y vibrantes cánticos, todo eso, tiene poco de celestial, o espiritual, y mucho de humano. El cuadro que encabeza esta sección, si cambiamos las olímpicas desnudeces por ropajes cotidianos, bien pudiera pasa por la fiesta campestre de unos alegres campesinos. Profundizar en este asunto, no obstante, escapa al contenido de este artículo. Así pues, de lo expuesto hasta aquí, una primera hipótesis sobre el origen de la expresión "música celestial" podríamos asociarla a las creencias míticas que los humanos han elaborado y reelaborado, desde los más remotos tiempos, sobre los fabulosos moradores del cielo con una perspectiva beatífica, aunque, no estaría de más recordarlo, esa existencia no siempre tiene que ser halagüeña. Baste pensar al respecto en los tenebrosos tintes que adopta el ocaso de los dioses en la agónica mitología nórdica. Richard Wagner supo ambientar ese clima ominoso con magistrales acordes: 

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Richard Wagner, Interludio orquestal (marcha Fúnebre) del Ocaso de los Dioses, siglo XIX.

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