Música celestial 6.

6ª PARTE: LA PERSPECTIVA OCCIDENTAL


Hans Memling, Los ángeles músicos, siglo XVI.

Si los bizantinos rechazaron los instrumentos musicales para glorificar a Dios y los desterraron del cielo, en cuanto que eran obras imperfectas al ser producidas por el artificio humano, fatalmente contaminado de pecado, los cristianos occidentales abandonaron pronto esa limitación. Tanto los católicos como los protestantes, en efecto, incorporaron al canto de iglesia todo el repertorio imaginable de instrumentos de acompañamiento y, por ello, las composiciones musicales religiosas de esa cristiandad occidental alcanzarían una soberbia expresión, ya fuera entre los seguidores de Lutero como los fieles al Papa de Roma. Los oratorios sacros pueden considerarse en este sentido como auténticos monumentos a la música, no solo religiosa sino, sensu estricto, la celestial, que es la que nos ocupa. Así lo podemos constatar en el vibrante recitativo del arcángel Uriel alabando la creación divina en el oratorio del mismo nombre, La Creación, compuesto en 1798 por Joseph Haydn:

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Joseph Haydn, La Creación. Pieza nº 13: "Seid fruchtbar aller" (recitativo de Uriel). Siglo XVIII.

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