Música celestial 4.

4ª PARTE: EN EL PRINCIPIO, EL MITO


 Pompeyo Battoni, Apolo, siglo XVIII

Música en el cielo, melodías generadas por los cuerpos celestes en su eterno movimiento rotatorio y de traslación. Curiosa idea ¿verdad? No obstante, pudiera parecernos en principio que semejante concepto cosmológico es una mera fantasía cultural vinculada al pensamiento mitológico. Desde luego existen numerosos argumentos para avalar esa interpretación. Desde los más remotos tiempos prehistóricos, en efecto, los seres humanos han imaginado que sus formas de existencia terrenales se prolongan, aunque en un plano y dimensión, diferente por su grandeza pero, al mismo tiempo, similar por la reproducción de las conductas humanas, entre los pobladores del empíreo, allá en los dominios celestiales. Se perfila de esta forma un espacio de leyenda y fabulación, común a casi todas las culturas y civilizaciones en sus estadios más primitivos, que, como se desprende de los estudios de la antropología cultural, estaría poblado por seres superiores, ya sean dioses, titanes, espíritus o genios excepcionales. Los propios griegos, antes de alcanzar el pensamiento científico, no fueron ajenos a estas construcciones imaginarias y su mitología está poblada de dioses y criaturas semidivinas que desarrollaban una existencia placentera, entre banquetes, bacanales y sesiones musicales, ya fuera en el Olimpo o en las Arcadias y Parnasos del mundo sublunar. Pensemos en el dios musicólogo por excelencia, Apolo, con su séquito de cultísimas Musas. A una de ellas un músico cretense le dedicó, allá por el lejano siglo II, una composición que pasa por ser de las piezas musicales más vetustas del mundo. Hela aquí:    

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Mesonede de Creta, Himno a la Musa, siglo II.

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