Música celestial 13.

13ª PARTE: ¿MATER AMOROSA SIVE IRACUNDA?


John Martin, El gran día de su ira, siglo XIX.


Empero, cuidado con los dioses y nuestras falaces percepciones sobre los caprichosos e impredecibles moradores del cielo. Si la mano creadora del artífice que labró los relieves del Ara Pacis hizo aflorar a una madre nutricia y amorosa al imaginar a Gaia, tan legítima sería, a contrario, la interpretación de la misma deidad como una madrastra colérica que a menudo permuta la maternal caricia por el azote cruel. Observemos los campos pletóricos de trigo gracias a la generosidad renovada de la madre Tierra, pero también los cataclismos telúricos que cada generación debe sufrir con no menor regularidad fatalista procedente de la misma divinidad. Para los aztecas, com o para otras tantas tradiciones mitológicas, la diosa madre era tanto la deidad de la vida como, indisolublemente, la de la muerte. No me cuesta pues ningún esfuerzo construir una imagen terrible e iracunda, como podría esperarse de una deidad encolerizada, que castiga la insania destructora de los ensoberbecidos pero necios humanos. Quizás Gaia les estuviera advirtiendo con tan severa ejemplaridad del inminente suicidio que suponen unos logros tecnológicos, que pretendiendo dominar a la naturaleza, a la postre están provocando su propia extinción como especie pero también, de forma injusta y subsidiaria, las de otras criaturas vivas. La advertencia se me antoja tremenda como lo son estos formidables acordes apocalípticos: 

Ir a descargar

Giuseppe Verdi, "Dies Irae" de la Misa de Réquiem, siglo XIX.


 RETORNAR AL ÍNDICE              PARTE SIGUIENTE


No hay comentarios:

Publicar un comentario