Música celestial 11.

11ª PARTE: EL SONIDO SIDERAL DE LA TIERRA


La Tierra desde La Luna. Fotografía espacial. NASA

Tras este recorrido por la música imposible del cielo, que es un error conceptual del pensamiento especulativo de los clásicos, y la certidumbre empírica de que los astros, si no melodías, al menos generan sonidos, ha llegado el momento crucial de enfrentarnos con el planeta que nos acoge y habitamos. En primer lugar, deberíamos escuchar con atención el sonido que, realmente, esparce por el sistema planetario la Tierra y para ello bastará la audición de lo captado en su día por la mencionada sonda Voyager. La pieza fonográfica, en comparación con otras que se grabaron dentro del sistema solar, y que ya hemos escuchado, resulta un tanto decepcionante puesto que se me antoja como un fondo ruidoso de trastienda y, por ende, incluso desagradable. Si no me creen juzguen ustedes mismos: 

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Me pregunto qué pensaría Pitágoras y el resto de intelectuales grecolatinos, que realmente creían en los acordes melodiosos del cosmos, si hubieran podido contrastar sus concepciones armónicas con este sonido real, ¿cacofónico quizás?, de Gea. La conmoción, presumo, tendría que ser si no brutal al menos demoledora como lo son todas las profundas decepciones. Es por ello, que compadecido ante la previsible frustración, les desearía que, si pudieran entrar en trance místico para oír la música de las esferas celestes de su sistema geocéntrico y, asimismo, la melodía generado por el eterno devenir de las mismas en movimientos de perfección cíclica, se deleitaran, arrobados, con una pieza parecida a esta del genial Mozart:

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Wolfang Amadeus Mozar, Sinfonía nº 40, movimiento 1º (Molto Allegro).Siglo XVIII.


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