Cuando la estética se fusiona con la ética

Días atrás, gracias a las eruditas indicaciones de un amigo internauta, estaba yo muy atareado en la búsqueda de una singular pieza musical, antigua, perteneciente al ciclo cultural de la heterodoxia cátara y, sin pretenderlo, me topé con una interpretación sublime pero desgarradora que me impactó profundamente. Aludo a una de esas melodías, reducidas en su número, que entran dentro del minoritario y selecto elenco de las músicas entrañables. No uso el epíteto en su acepción de afectuoso y agradable sino en la dimensión más visceralmente etimológica del término porque, en mi opinión, esta canción, conmovedora en grado superlativo, arranca de las mismas entrañas del ser humano. Me estoy refiriendo, como se podrá intuir, a una obra que, como suele decirse, te eriza la piel por la honda carga emocional que arrastra su melodía. Se trata en concreto del Male Rahamim, una oración fúnebre usada por la comunidad judía asquenazi. El chazzan (cantor que dirige las ceremonias litúrgicas en la sinanoga) lo recita durante el funeral para la implorar la ascensión de las almas de los muertos; también se interpreta junto a la tumba de los difuntos, en los aniversarios y en otras ocasiones en que la memoria de los muertos se recuerda. Interpretaciones de este canto judío hay muchas y bastarío para ello navegar por youtube, sin embargo, la que venimos señalando es excepcional, tal como nos lo explica Jordi Savall en el extenso comentario explicativo que acompaña al magnífico libro-música “Jersulem: la ciudad de las dos paces”. Reproduzo literalmente las palabras del maestro en el extenso comentario que acompaña al mencionado volumen sonoro. Allí justifica la inserción de esta joya que fue reproducida en el memorable concierto celebrado en el Festival de Fez (Marruecos) sobre "Músicas Sagradas del Mundo", el 9 de junio de 2010:

Comentario de Jordi Savall al "Male rahamim" by ovusculo

Más abajo se podrá escuchar este canto fúnebre. En él se hace una mención expresa a las víctimas del holocausto al mencionar de forma explícita algunos de los campos de exterminio, como Auswitzch y Treblinka, donde los verdugos nazis perpetraron el criminal genocidio. He acompañado la audición con imágenes, duras sin duda, pero necesarias e insoslayables, porque la memoria histórica no debe permitirse ninguna flaqueza. No obstante, he querido hacer extensivo este humilde homenaje a todos los pueblos que han sufrido históricamente la violencia suprema del genocidio. Mencionarlos uno a uno sería imposible, e incluso injusto, porque la mera omisión de alguno, por ignorancia, constituiría una nueva afrenta. Así pues, el vídeo siguiente está dedicado a todos ellos, in memoriam.



La pieza que acabamos de oír fue incluida por Jordi Savall en el memorable concierto que organizó y dirigió el eminente maestro en la ciudad marroquí de Fez (el día 9 de junio de 2010), dentro del ciclo de Músicas Sagradas del Mundo. El evento musical es de una excepcional calidad y, aunque largo (2 horas y 8 minutos), merece la pena visionarlo en su totalidad. Quien esté interesado puede hacerlo a través de este enlace. El elenco de intérpretes no solo es magnífico por la calidad profesional de los músicos, entre ellos La Capella Reial de Catalunya, Hespérion XXI y un amplio conjunto de artistas invitados procedentes de Armenia, Grecia, Israel, Marruecos y Palestina. No se le escapará al agudo observador la carga ética que de forma explícita se quiso transmitir con este agrupamiento. Las civilizaciones, culturas y nacionalidades de los músicos que integran tan singular orquesta vienen arrastrando un enfrentamiento visceral desde hace mucho tiempo. Unirlos a todos y contemplarlos interpretando las piezas musicales de los otros, pese a las tremendas discrepancias y odios que enfrentan a sus respectivas culturas y pueblos es, aparte de emocionante, todo un alegato a favor de la tolerancia, la convivencia y el respeto a la pluricultaralidad.
Esta línea de investigación musicológica, me refiero a los escenarios de fusión entre civilizaciones diferentes, así como el rescate del olvido de la producción cultural de las minorías históricamente perseguidas (pensemos en la tradición cátara o el legado de los judíos sefarditas), constituye casi una seña de identidad en las últimas producciones de Savall y sus colaboradores. Bastaría explorar el maravilloso catálogo de Allia Vox, la empresa discográfica del maestro, para constatarlo. Menciono, a título ilustrativo los excelentes álbumes dedicados a las músicas del espacio mediterráneo, los encuentros entre el mundo occidental y el oriental, así como este magnífico disco-libro sobre las músicas que han generado históricamente civilizaciones enemistadas desde la perspectiva religiosa por la posesión de la misma ciudad: la tres veces santa Jerusalén. Por ello el disco-libro establece una secuencia cronológica entre la ciudad judía, después cristiana y luego musulmana. Cad una de esas etapas está representada en el concierto por las músicas de cada cultura. Veamos tres fragmentos representativos:

LA CIUDAD JUDÍA:
"Sionide: bella ciudad, alegría del universo", (canción de Judah Halévy, siglo XI):



LA CIUDAD CRISTIANA:

“Chevaliers, mult estes guariz”, (canción anónima de la 2ª Cruzada, siglo XII):



LA CIUDAD MUSULMANA:

"Fatihah Sourate I, 2, 7" (canto soufi del siglo VII):



Merece la pena, dentro del catálogo de la mencionada discográfica, detenerse a leer los amplios y profundos comentarios del propio Savall sobre el trabajo de investigación desarrollado en cada disco-libro y, muy particularmente, en este sobre "la ciudad de las dos paces". Tras estas lecturas se comprende ahora con claridad que La UNESCO lo haya distinguido con el honorífico título de artista por la paz. También que uno de sus tantos admiradores lo haya calificado como auténtico humanista del siglo XXI.
En el título de este artículo he usado deliberadamente dos términos, ética y estética, que, aparte de ser palabras propicias para construir pareados más o menos ingeniosos, pueden llegar a ser conceptos íntimamente ligados y alcanzar el difícil nivel de lo sublime en la producción artística. Cuando una obra creativa, de cualquier género, no solo despliega belleza y provoca en el espectador emoción, sino que además se carga de intencionalidad moral, propicia la reflexión crítica y asume un vínculo comprometido con los valores esenciales, entonces puede transmutarse en una obra de arte aquilatada. La incorporación de esa dimensión ética en la creación estética cuenta con numerosos representantes en la historia aunque, reconozcámoslo, la calidad de los productos es variada fluctuando entre el manifiesto panfletario y la genialidad más excelsa. En este selecto colectivo bastaría señalar, a título ilustrativo, al Goya de los Desastres de la Guerra. Jordi Savall, no cabe duda de ello, es también una figura emblemática en ese distinguido repertorio que reúne a los artistas capaces de conjugar con elegancia y contenida emoción ética y estética. Considerando las maravillosas joyas musicales que nos viene ofreciendo el musicólogo catalán desde hace tantos años, no queda más que desearle una larga vida al maestro.

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